Ampeg Dan Armstrong Bass
Hoy pasa de nuevo por el taller esta preciosidad de bajo Ampeg Dan Armstrong para un ajuste y repaso general. Una macarrada de concepto diseñado en los sesenta con cuerpo de plexiglás y escala corta de 30", aunque este en concreto seguramente se trate de alguna reedición posterior.
Difíciles de encontrar de todas formas, lleva una pastilla Seymour Duncan SMB4D, mástil de arce y diapasón de palorosa de 24 trastes.


Compensar así es una tarea larga y tediosa, teniendo que aflojar todas las cuerdas cada vez que se quiere modificar un poco el ajuste, por lo que el diseño aunque mítico y famoso es un poco rollazo. Además, los tornillos de sujección de la pletina al cuerpo están bajo la madera y una vez encontrado el punto justo hay que volver a aflojarlo todo para poder apretar el tornillo inferior, porque si no el puente se mueve con mucha facilidad con cualquier golpe de la mano...

Por otra parte, el mástil ha ido acumulando mugre con el paso del tiempo y por una limpieza inadecuada, por lo que es necesario limpiarlo a fondo y nutrir con aceite el diapasón.
Uno de los principales problemas de su dueño es la dificultar de afinación y lo arduo de mantenerla estable. Además del mal ajuste del puente, el bajo había sido encordado con cuerdas de escala normal, un poco más largas que las que debería llevar un bajo de escala corta como este cuyo mástil mide un poco menos. De esta forma, las vueltas sobre las clavijas no se daban sobre la parte más fina de la cuerda que está preparada para enrollarse, si no sobre la parte gruesa, lo que acrecenta el problema de dificultad de afinación y puede provocar, como de hecho pasó al final, que la cuerda se quiebre al aplicar tensión en una parte que no está diseñada para girar sobre sí misma.

El mástil va atornillado al cuerpo, como puede verse al levantar el golpeador para repasar la electrónica.




Una vez acabada la limpieza y el ajuste del alma el bajo puede brillar con todo su explendor. Es un bajo que permite una altura de cuerdas muy baja, que se toca con mucha comodidad y que ahora afina perfectamente en toda la longitud del mástil.
El plexiglás tiene un tono cola claro, que cambia según el ángulo de la luz, y con toda la madera tratada, los metales y trastes pulidos, los botones limpios y los ajustes es una gozada verlo y hacerlo sonar.
¡Mola!